22.5.09

¿Y qué soñaste?

El señor miraba intrigado a su hijo, su fantasía lo asombraba a cada respiro. Mientras le comentaba que había visto a párpados cerrados, sus pupilas penetraban más y más en lo profundo de su ser, considerado por él, único e imprevisible.

Los ojos del niño iban de aquí para allá. Relataba su historia con tal emoción y fervor, que los clientes vecinos de la mesa lo admiraban a boca cerrada. Sus expresiones, pensaba el padre, deben hacerles recordar a su infancia, que aún quieren revivir.
El pequeño, por su parte, revivía con intensidad lo poco que recordaba.

Detenía su recordar por momentos, no quería serle infiel a su cuento. Movía sus manos, como si su imaginación fuese palpable, creando su propia realidad. Algo que, sin darse cuenta, atraía las miradas de los presentes. Escapar de la realidad no era su cometido, menos con su padre, pero había transformado esa atmósfera fría de invierno, en una eterna primavera.

- La cuenta por favor.

El cuento se esfumó. El soberbio viento golpeó las servilletas, haciéndolas volar al azar. Se había olvidado por completo de donde estaba, quién era y qué hacía allí.

- Tranquilo, – lo miró con cara serena – sígueme contando camino a casa.

Entonces volvieron las memorias, todo, bueno casi. Y tan alegre como comenzó el sueño, tan alegre lo terminó.

6.5.09

Amistad.

Salió con su perro como toda día, sin ninguna cuerda que lo sujetase a él para ver si lo seguía o no. Era un cachorro, así que con mayor razón quería domesticarlo, pero no de una manera material. Pensando en esta retórica un poco retorcida, se encontró con un kiosco a medio camino.

Era el de aquella viejita que tan bien le agradaba, pues le dejaba leer los periódicos locales que colgaban inocentemente a la luz de aquel mediodía, uno de los más calurosos a pesar de su corta edad. Como de costumbre, empezó a rebuscar en sus diarios preferidos, donde aparecían mujeres calatas, para ver si hallaba algo que lo emocionara, por decir lo menos. La anciana lo observaba. Desde que lo conoció no se ha percatado que le incomoda mucho que lea esas obscenidades, que, sin embargo, tantas ganancias le generaban. Por eso, ponía unos cuantos al costado, para que el chiquillo se distrajera y sus “caseritos” no repararan en que un niño manoseaba incesantemente sus lecturas habituales.

Termino de ojear. No había nada interesante, ni siquiera algo para que lo animara a comprar. Para su asombro, su perro seguía atento a su costado.

Bueno, tampoco es para tanto-dijo inocentemente mientras lo acariciaba-, sigamos caminando.

Recorrió más calles. Este maldito calor pronto le daría una deshidratación, o al menos eso leyó en las revistas extrañas de su mamá. Al entrar en una bodega, para calmar su sed, se encontró con un par de amigos, al parecer comprando cigarros. Al ver una cajetilla en cada mano le dio cierta curiosidad y les pidió que le enseñasen a fumar.

-¿Nunca has probado? ¡Si tu padre es una chimenea! -murmuraron sorprendidos ya afuera de la tienda.

-No…-luego lo invadió la imagen de su padre, autoritario y temible- Pero me van a invitar ¿No?

-Está bien –dijeron después de una breve reflexión.

Quince minutos ya pasados y seguía convencido que era la peor mierda jamás experimentada. ¿Cómo demonios podían comprar eso? Trató de jugar un rato con su mascota favorita, pero el mareo no se le pasó hasta que terminó de entretenerse. Otra vez, para asombro suyo, el perro lo seguía, pero no con la cola moviéndose de un lado a otro. Probablemente cree que he hecho algo estúpido, pensó al rato, no lo culpo, también pienso lo mismo. Y se fue de regreso a casa.

4.5.09

20 / 05 / 08

Miles de versos cruzan por mi cabeza... Como fuegos fatuos, la recorreen fugazmente y se pierden en el vacio. Cuando en eso explotan sin ser antes descritan en un papel, rememorando su delicadeza tan nítida y calidez.

Pero estos aces de colores son nada si la oscuridad me rodea, si no engo nadie a mi lado. Ver como las luces adornan irregularmente las caras de la gente, que en diferentes combinaciones producen una belleza singular, propia de cada persona.

Empero, hoy por hoy, mi noche la veo mas negra. ¿Sera, acaso, que me he vuelto ciego y los colores, antes creados por mi, ahora se pierden en mi oscura pupila? ¿O, talvez, que en mi afan de maravillarme mas con el mundo y su noche, avance mas de lo debido?

Yo solo sigo escribiendo, exprimiendo cada recuerdo y prendiendo un cigarro por dentro.

1.5.09

Un cubo, dos cubos, tres...

Está perdido. Tiene ganas de salir y arrancar toda la tensión que estira a su cuerpo y lo inmoviliza, pero la paranoia porcina avanza y no tiene la pretensiones de ser el primero en sufrirla. Lee periódicos anteriores a la fecha, se pone al tanto de la pandemia vivida en gran parte de Norteamérica (por no decir toda).

Cuando finalmente se aburre, prende la computadora que está a un paso derecho de su cama.

"La espera me agotó
No sé nada de vos
Dejaste tanto en mí.
En llamas me acosté
En un lento degradé
Supe que te perdí."

Con su vaso de a la mano izquierda, empieza a recordar los viejos tiempos, pues no puede evitar recordar lo que fue alguna vez.

Luego de un rato, vuelve al presente, donde uno siempre estará atado. Escucha música y cada canción lo guía a sus memorias. Hace un punto aparte, una pausa, quiere simplemente olvidadarla, mas también quiere que todo le vaya bien. Entre esa y más contradicciones lucha su conciente para estar de una vez tranquilo, para descansar. Para apartarse de ese incordio coge sus separatas universitarias y vuelve a leer. "La mejor manera de hacer algo, es no pensar mucho en ello".

Se derrumba de nuevo en su cama, como en el principio. No sabe exactamente que hacer con su vida, ni con la de nadie. Se da media vuelta y queda bocabajo. Quizá cerrando los ojos pueda aclararse finalmente.