“4 A.m. hora mágica para mi. ¿Te acuerdas? Siempre se me ocurrían las mejores historias a esta hora, justo después de levantarme y fumar un cigarrillo en la azotea, mientras los brillos callejeros hacen de su humo algo místico y danzante. Luego de haberme apoyado en la baranda, de ver a tantas parejas comiéndose frenéticamente en el parque de al lado derecho, de haber visto tu cuerpo rendido ante tus sueños, que aún me sorprenden cada mañana, tarde y noche, me apoyo en la silla con mi cuadernillo en mi mano y me pongo a escribir. No es hasta que el cielo ensancha mis pupilas que dejo de escribir. Me regañas entre bostezos y tambaleos, que por qué me desperté tan temprano, que mi insomnio, que nuestro amor… Nunca entiendes, mi cabeza reclama que grabe en papel lo que me dicta.
Hay veces que cojo un porro del vecino, tan buen amigo mío. Veo un viento tan fuerte que mueve las luces de mi alrededor, siento que el suelo está hecho de aire y el aire tan duro como el suelo. Bolas de fuego, lápices, cuadernillos, animales salen de la pared de la casa, de las mayólicas del baño, del agua que bebo. Todo un mundo inefable para cualquier ser humano, para todo ojo, para todos. Ya pasado el efecto, me gritas, me bofeteas, me haces reaccionar, pero solo en el momento. Ahora, escuchando ‘The End’ de The Doors, no hago más que bailar la danza de la lluvia de aquellos chamanes americanos…”
Terminó de leer, hacía mucho que no se entrometía en el correo de otros. Cuando las líneas se agotan de su mano, corre y coge aquel paquete de cartas que le regaló, por lo bajo, su amigo el cartero. Empieza la primera linea en su hoja inmaculada, tiene el poder en sus dedos, en su mano, en su brazo, en su cuerpo...
- Bah... Se acabó la tinta...
GOLD IS GOD
Hace 23 horas






